Los vómitos

Los vómitos son probablemente una de las cosas más molestas y asquerosas que me pasaron en el embarazo.

Una vez leí que el cuerpo siente la presencia del bebé como a un extraño que trata de combatir, como si fuera un virus por ejemplo y que desde que lo detecta (más o menos al mes), hasta los 3 meses (cuando el cuerpo cae en la cuenta que no es un agente patógeno) trata de deshacerse de él arduamente. En este caso el cuerpo adopta la estrategia de tratar de expulsarlo por la boca, pero y acá es donde el falla, dado que como el bebé no entró por ahí, tampoco saldrá por ahí.

En mi caso, el pequeño que estaba fagocitandose de mis entrañas para crecer, fue detectado por mi cuerpo a fines de un caluroso diciembre. Las náuseas arrancaron un día de súbito y sin previo aviso y se mantuvieron durante todo el verano. El principal momento del día en que las sentía era por la mañana, en el intervalo que iba desde que me despertaba hasta que llegaba al trabajo.

Intenté de todo: tomar mucha agua, tomar poca agua, ir a trabajar en ayunas, desayunar de manera abundante, tomar ranitidina, etc. pero nada funcionó. Recuerdo patente la sensación de tomar conciencia a la mañana y sentir la necesidad de expulsar todo de mi interior acompañado con arcadas cada 20 segundos en promedio. Esto sumado a que de lunes a viernes para ir al trabajo debía tomarme un colectivo que solía no contar con aire acondicionado, iba extremadamente lleno (a la altura en que yo me subía estaba literalmente pegada al chofer) y que además por el calor y el movimiento me bajaba la presión y solía terminar mareada, cuando no en el piso. Todo esto significaba un peligro grande de golpearme contra algo o alguien y terminar herida.

Ni que hablar de pedir el asiento, ya avanzado el embarazo lo pedía y me miraban con mala cara, imagínense los primeros meses en los cuales no se me notaba la panza no me lo daban o peor aún no me creían que estaba embarazada (una locura) y me miraban con mala cara.

Por esa época leía foros, le preguntaba al médico obstetra, a mamás que ya habían pasado por lo mismo que hacer pero todos me daban más o menos las mismas soluciones que yo ya había intentado poner en práctica con escasos resultados. Un día, leyendo un foro alguien recomendó tomar una bebida isotónica, de esa que le dan a los deportistas de élite para hidratarlos. Perdido por perdido decidí intentarlo. Compré en el super una botella de 1.25Lts. de sabor manzana y estando en la parada, cuando vi que el colectivo se iba acercando comencé a tomar del pico (a esta altura del partido no me iba a andar con sutilezas de buscar una pajita). Y para mi sorpresa ME FUNCIONÓ!!!.Debo decir que no fue una solución mágica, no es que dejé de tener ganas de vomitar, pero al menos las arcadas eran más controlables y menos continuas.

¿La bebida era barata?, no, pero hasta cumplir los 3 meses decidí INVERTIR en mi bienestar mental y físico y comprarme todos los días la bendita bebida. Hasta al baño iba con mi botellita salvadora!.

Finalmente cumplido el tercer mes (que se me hizo eterno!!!!!) los vómitos y las arcadas desaparecieron, así de súbito como aparecieron y comenzó el segundo trimestre de embarazo que para mí fue el más tranquilo y llevadero de los 3.

¿Y vos tuviste vómitos o arcadas en el embarazo?

Habilitar el vínculo con el padre

Innegablemente la biología es sabia y todo el padecimiento, dolor, malestar, etc. que atravesé en el embarazo tuvo su debida retribución al momento de nacer Dr. Pipino siendo que me reconoció. Reconoció mi voz que viajó durante 9 meses por el cordón umbilical y reconoció mi olor en la leche, que tenía el mismo olor que el líquido amniótico. Por eso, los primeros meses luego de nacido solo se calmaba con mi presencia, mi piel, mi voz y obviamente mi tetita. No voy a negar que lo que “vino de fábrica” fue condición básica pero no suficiente para construir la relación con mi bebé, dado que sobre ese peldaño fundamental se fueron sumando caricias, besitos, abrazos, baños, juegos, prestar atención a gestos para tratar de adivinar significados, etc. Todo esto hizo que a lo instintual se le sumara lo relacional y social del vínculo madre-hijo que fuimos construyendo.

Ahora bien, la relación con el padre se dio de manera totalmente diferente, en primera instancia no tuvo la ventaja de llevarlo 9 meses en su vientre y anticipar sus movimientos y su temperamento. Tampoco el bebé pudo reconocerlo como a mi, dado que inclusive su voz viajó durante el embarazo deformada por el líquido amniótico, por lo tanto al momento de nacer, para Dr. Pipino, su papá pudo ser cualquier persona del mundo. En este sentido, ya el papá comenzó el camino del vínculo en desventaja en relación a mamá.

Además, como mamá debo admitir que una vez nacido el bebé me costó y me cuesta aún hoy facilitar el vínculo de ellos dos muchas veces (de manera inconsciente). En primer lugar porque “nadie cuida al bebé como mamá”, frases hermosas en la vida si las hay pero que representan mucho del cuidado, la dedicación y sobre todo la PACIENCIA que le tengo a mi hijo en momentos en que habría que romper todo. En segundo lugar porque me considero más atenta y delicada en cuanto a lo que mi hijo necesita: presto más atención cuando tiene sueño, hambre, está sucio, fastidioso, etc. Y en tercer lugar porque cada vez que los veo interactuar y el papá no tiene con el bebé el mismo trato que yo tendría, lo controlo, corrijo e inclusive muchas veces me enojo con él al respeto.

Conclusión: mi novio se ofuscaba, porque le daba a entender abiertamente que nada de lo que hiciera lo iba a hacer bien y se replegaba, limitando la interacción con su hijo. De mi reacción tardé poco tiempo en darme cuenta, pero estoy tardando más tiempo en poder controlar mis mensajes y no coartar la relación entre ellos. Para ello pensé (como buena psicóloga que soy) diferentes estrategias teniendo en cuenta de que el papá NUNCA lo va a tratar de la misma manera que yo, básicamente porque es otro ser humano diferente a mi, pero que aún así tengo que permitirles poder tener su espacio para que puedan construir su vínculo.

Para ello lo primero que hice fue serle sincera a mi novio y poner de manifiesto lo que sentía, esto me ayudó a bajar mucho mi nivel de angustia y a que él entendiera el porqué de mis reacciones. En segundo lugar hablamos de lineamientos básicos, de cosas permitidas y cosas que no, por ejemplo: no revolear fuerte al bebé, no dejarlo mirar tele todo el día, si dejarlo salir a jugar al balcón con supervisión, etc. Y en tercer lugar lo que opté por hacer es darle espacio para que estén los dos solos sin mi presencia. Obviamente tenemos momentos en familia, pero en esas ocasiones el bebé suele estar más conmigo; entonces para que puedan conectar hay veces que me voy a hacer otra cosa para dejarlos fortalecer su vínculo, diálogo y juego. Por ejemplo, en este momento yo estoy escribiendo esta nota y ellos están en el comedor solos, el papá tocando la guitarra y el bebé escuchándolo de a ratos, golpeándole la guitarra para hacer música también y jugando con sus juguetes en frente del papá.

Nunca nadie lo va a criar y cuidar como yo, ni el papá, ni la abuela, ni la niñera, ni nadie, de eso tengo certeza, pero el papá de Dr. Pipino quiero que sea una figura tan importante en su vida como lo soy yo, su mamá. Y para eso tengo muy en claro, que para lograrlo yo soy una pieza fundamental en el rompecabezas dado que soy la que puede habilitar o dificultar el vínculo entre padre e hijo. Decido dejarlos ser, decido que se relacionen y decido no interponerme en el medio.

¿Y tu experiencia cuál es?

Pañales y cómo elegirlos

La tarea de elegir pañales no fue fácil. Comencé a averiguar y preguntar por todos lados que marca me convenía comprar. Primeramente desde mi ignorancia acerca de los pañales inclusive tuve que googlear que significaba RN, que ahora sé que es Recién Nacido (taaa tiene lógica si una se lo pone a pensar). 

En fin, recabando información vi que existían 4 marcas que fabricaban pañales (hablemos de monopolios!) y que en líneas generales eran las dos grandes marcas, las que se adaptaban mejor a lo que hipotéticamente yo estaba buscando: que no se pasen, para evitar el recambio constante de pañales y que no paspen la colita. 

Todas las mamás con las que hablé en persona me recomendaron que comprara un paquetito de cada marca y que esperara a que nazca Dr. Pipino para ver cual le resultaba mejor a él y yo como buena madre primeriza ¿qué hice? me compré amplio stock de la marca que me sugirió mi novio, de los que según él, eran “los mejores”. Cuando digo amplio stock me refiero a 3 paquetes grandes que en total sumaban más de 100 pañales, por lo que me sentí psicológicamente aliviada por el simple hecho de saber que no iba a tener que salir corriendo a la madrugada a comprar pañales, al menos por el primer mes. 

¿Qué fue lo que en realidad terminó sucediendo?, la expectativa en mi caso parece estar siempre lejos de la realidad y el destino parece querer reírse en mi cara. Al nacer Dr. Pipino, luego de darle el alta y volver a casa, comenzó a usar sus pañales especialmente seleccionados por mí y… no le funcionaron, se le pasaba constantemente el pis y la caca y lo tenía que cambiar íntegro cada vez que se hacía caca y a veces inclusive bañarlo. 

Encima en un principio usó entre 7 y 10 pañales por día, un poco porque se le pasaba y otro poco porque cuando recién nació por ahí hacía una caquita del diámetro de un vaso y ¿qué iba a hacer, dejarlo cagado? no!, como buena madre lo cambiaba.

Me quise matar, pensaba que hacer con tantos pañales y tanta plata que parecía tirada a la basura; tragué saliva y se los puse igual, hasta gastarlos todos!!. Pensándolo ahora en frío podría haberlos revendido o algo, pero se nota que el puerperio y la falta de sueño de ese momento no me jugaron a favor para pensar en este tipo de estrategia. 

Los pañales reutilizables para mi nunca fueron una opción, porque simplemente me dije a mi misma que no me la iba a pasar lavando pañales. Se que los pañales de Dr. Pipino probablemente le sobrevivan pero antes de dar a luz le hablé a la madre naturaleza y le dije que siempre reciclo todo, pero que en esta me bancara. Así que un día cuando se me acabaron los 100 pañales y antes de volver a comprar otros, abrí una bolsita de unos que me había venido con el bolso maternal que me dieron en la obra social, que resultaron ser los de la competencia y… FUNCIONARON, la caca y el pis no se pasaban y en esos 20 minutos gloriosos y azarosos que tenía de sueño corrido y en los cuales iba de cuerpo NO se despertaba al sentir la humedad de su propia deposición.

Si tuviera una máquina del tiempo y pudiera volver atrás al momento que le dí comprar a los pañales pensando que estaba haciendo “la inversión de mi vida”, me diría: momento!, compra un paquetito de cada uno y probá, probá que le queda más cómodo y que le hace mejor, que la ansiedad no te gane la pulseada.

Y a vos ¿qué te pasó, cuál fue tu experiencia?

Mi Primer comidita

Según me explicó la pediatra, como los bebito nos nacen con todo su cuerpo desarrollado, hasta los 6 meses de edad no están listos para incorporar sólidos. En base a ello, la primera comida llegó unos 4 días antes de que Dr. Pipino cumpliera sus 6 meses de vida. Para ese momento la tetita soltaba poco alimento y la leche de fórmula ya no llenaba, así que yo estaba muy contenta de poder incorporar alimentos a su dieta. A la hora de pensar por donde podíamos arrancar, la médica nos había dado varias sugerencias, alimentos y recetas para poder darle, siempre haciendo la aclaración de que NO LE HICIÉRAMOS PAPILLA. 

Yo me preguntaba cómo un bebé tan chiquito podría comer sólido, ya que en ese momento Dr. Pipino contaba tan solo con dos dientes inferiores. Luego recordé a mi papá en sus últimos años de vida, cada vez con menos dientes y cómo eso no le impedía entrarle al pan baguette. Solo entonces asumí que nada malo le iba a pasar a Dr. Pipino.

Quería que su primera experiencia con los alimentos fuera positiva por lo tanto fui por lo seguro: lo dulce. Los bebés nacen con predisposición a lo dulce (la leche de la tetita es dulzona), por lo tanto hacia allí me encaminé. Recordé mi breve paso trabajando en un jardín maternal donde el chef me había afirmado que las niñas y niños tenían “debilidad” por la banana sobre cualquier otra fruta. Por lo que el plato principal estaba decidido!.

Como para ésa época Dr. Pipino aún no se sentaba por sí solo, el procedimiento consistió en que el bebé se sentara en la mesa, agarrado por el padre, mientras yo le compartía la banana. Hasta el día de hoy recuerdo la carita de emoción y la apertura de sus ojitos al experimentar el sabor y la textura de la fruta. La comió entera y todos mis miedos se disiparon al instante. Y al día de hoy la banana sigue siendo una de sus frutas preferidas y un indispensable en casa.

De ahí en más nos embarcamos en la travesía de la comida… pero esa es otra historia para contar. 

P.D.: la banana tiene filamentos que el bebé no procesa y son eliminados en la caca. Me pasó de asustarme al ver esto, pero luego la pediatra me aclaró que es normal que pase. 

¿Y tu primera experiencia con sólidos cuál fué?

El Chupete

La relación con el chupete de Dr. Pipino fue siempre errática. En un comienzo no compré ninguno porque me había quedado con la vieja creencia (por lo menos la que circulaba en la épica en la que yo era pequeña), de que éste deformaba el paladar. Ahora bien, al nacer mi bebé solía llorar TODO el tiempo y no dormir bien, por lo que una neonatóloga a la que habíamos ido a ver el 4° día de vida me recomendó que le comprara un chupete porque iba a ser (literalmente) “su mejor amigo”. Ahí entonces recién me encomendé a la misión de comprarle un uno, con la esperanza de que se le regularizara el sueño y dejara de llorar (Jajajajajajjaajajajajjajajaj… ilusa)

Como yo estaba físicamente destruida tras el parto, la tarea de comprar el “elemento mágico” fue encomendada al padre de Dr. Pipino. El resultado… trajo una dupla de chupetes hermosos y de primera marca, con “punta ergonómica” para seguir el trazado natural del paladar (WTF) pero…para bebés de +18meses. Él los compró, los sacó del empaque, los lavó y le puso uno al bebé. Yo veía que mi hijo medio se ahogaba y lo escupía, mi novio se lo volvía a poner y se repetía la operación con los mismos resultados. Al mirar en el instructivo noté el detalle de la edad para la que estaba recomendado y caí en la cuenta de 2 cosas, primero es que existen tamaños de chupetes y segundo, que estos chupetes no los podía devolver porque ya estaban usados.

Con todo el amor del mundo me dirigí personalmente (y rota físicamente) a la farmacia a comprar los chupetes propios para su edad, y tras gastar nuevamente una pequeña fortuna en otra hermosa dupla, llegué a casa con los elementos indicados. Esta vez cupieron bien en el paladar de mi hijo, pero tras dejárselo puesto por un breve período de 10 segundo procedió nuevamente a escupirlo. No hubo manera humanamente posible de que le durara más de medio minuto.

Como un mes después, al comentarle a la flamante pediatra la situación con el chupete, nos comentó que en realidad no estaba funcionando porque debíamos comprarle los más baratos, de silicona y con punta redonda, porque esos eran los que “los bebés preferían”. Latigándonos las espaldas y avergonzado por nuestro error, ahí fuimos en la nueva cruzada a comprar el chupete más barato de estas características, con idénticos resultados…NO le gustó.

En resumidas cuentas el bebé terminó teniendo 7 chupetes de diferentes tamaños en el transcurso de un año, con diferentes formas y calidades y no se quedó con ninguno. No lo agarró para sustituir la succión del pecho, para relajarse y dormir, ni para cuando le estaban saliendo los dientes, cual mordillo, ni para nada. Simplemente NO le gustó el chupete!. Creo que una de las mejores cosas que hice fue ofrecérselo dejándolo siempre a la vista pero sin obligarlo a ponérselo. Terminó siendo uno más de sus juguetes pero nunca cumplió la función de objeto succionador. Así aprendí que no todos los bebés hacen las cosas que se supone que deberían hacer los bebés!

¿Cuál fue tu experiencia con el chupete?

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